Democracia en tiempos de cólera, con Steffan Gómez

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De cara a las elecciones presidenciales 2018 Costa Rica enfrenta la disyuntiva de tener una ciudadanía simpatizante de la democracia pero insatisfecha con la política. Ese es uno de los hallazgos señalados en el Informe 2017 del Programa del Estado de la Nación que salió hace algunos días.

Al mismo tiempo en que en Latinoamérica se observaba una tendencia a sistemas políticos más represivos, The Latin American Public Opinion Project (LAPOP) empezó a estudiar los valores democráticos de Costa Rica.

Actualmente LAPOP realiza la única encuesta de opinión pública democrática y comportamiento que cubre todo el continente: el barómetro de las américas.

Este año la encuesta inició sus resultados con el siguiente párrafo:

“La democracia está a la defensiva en las Américas y alrededor del mundo. Entre sus habitantes cunde el escepticismo respecto a la capacidad de la democracia tanto para cumplir con las expectativas de sus ciudadanos, así como para mejorar la calidad de su vida cotidiana”.

O sea, la democracia pasa por momentos de transformación en todo el mundo, no solo en Costa Rica, por lo que la situación en nuestro país lejos de alarmarnos debería acercarnos a la realidad de los tiempos.

La semana pasada tuve la oportunidad de hablar con Steffan Gómez, coordinador del capítulo Fortalecimiento de la Democracia, del Informe del Estado de la Nación (PEN).

«Solo al 36% de la población le interesa la política».

Leer este capítulo fue un poco confuso, porque dice que hoy hay más personas apoyando el sistema democrático de las que hubo durante las elecciones 2014, pero aún con este super dato, que puede parecer algo positivo, el Informe también dice que solo a tres de cada diez les interesa la política.

Vamos en dos partes.

Aumento del índice de apoyo a la democracia: significa que actualmente hay más personas dispuestas a respetar las diferencias de pensamientos políticos que durante las pasadas elecciones presidenciales.

Solo al 36% de la población le interesa la política: que la gente apoye la democracia no quiere decir que todos estén felices de la vida con el desempeño de la política.

Estas dos conclusiones Steffan me las ilustraba así:

Siempre uso el ejemplo del Ferrari de la Fórmula Uno de Schumacher. Lo que nos muestran los datos es que la ciudadanía está contenta con el Ferrari, es decir con la democracia. Creemos que nuestro vehículo para transitar como sociedad es el adecuado.

Con lo que no estamos felices es con Schumacher, es decir con algunos actores de la clase política quienes se encargan de manejar esta democracia.

Y ahí es donde uno ve que solo el 36% de la población está interesada en la política, que solo un 33% confía en los partidos políticos y que solo un 45% confía en el Congreso—.

Según me contó Steffan, pese a que estos porcentajes parecieran estar bajos, los fundamentos de la democracia están bien, o sea nuestro Ferrari está funcionando, lo que no funciona tanto es nuestro Schumacher.

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Políticos costarricenses be like

Esta aparente disyuntiva (de que la gente apoye la democracia, pero no tanto la política), nosotros la vemos como una muy buena señal de madurez política, porque la ciudadanía sabe distinguir entre lo que es la democracia y los actores que participan en esta democracia—.

Pero aparte de ser una posible señal de madurez política, ¿cómo es que podemos entender que apoyamos un sistema en el que no participamos?

Bueno, Steffan me explica que desde hace un par de décadas se viene dando una erosión en la relación entre los partidos políticos y las personas. Esto es lo que el PEN cataloga como cultura política.

La cultura política estudia las actitudes y preferencias de las personas por la democracia y sus actores, y según el informe nuestra cultura política ha cambiado.

Mientras que a inicios de los 90s cerca del 95% de la población decía simpatizar con el PLN o con el PUSC, hoy día cerca del 65, 70% de las personas dice no tener simpatía por ningún partido político.

«La democracia se está transformando».

Y aunque nuestro Índice de Apoyo a la Democracia ya no tiene el puntaje que tuvo antes de los años 2000, que era cerca de 75 puntos sobre 100, (hoy es de 42), dice el PEN, que este puntaje no es sinónimo de deterioro de la democracia sino de los partidos políticos.

Esto no significa que nuestra democracia esté cuestionada, los que sí están altamente cuestionados son los actores que participan en ella. Esta es una de las razones por las que ahora es más común el quiebre del voto, ya la gente no vota en bloque (votar por el mismo partido político en las papeletas de diputados y presidente)—.

Con esto último que me contaba Steffan es que podemos estar seguros de dos cosas. 

Primero, con este análisis que hace el PEN podemos saber de qué manera nos afecta el escepticismo que apuntaba el Barómetro de las Américas cuando inició su encuesta señalando que la democracia está a la defensiva en todo el mundo.

Tal vez la democracia no está a la defensiva. Tal vez quienes estamos a la defensiva somos los ciudadanos,  que hartos de cómo se maneja la política del país nos hemos alejado de ella, pero sin perder perspectiva de que la democracia es el sistema político con el que simpatizamos.

La segunda cosa de la que podemos estar seguros es que aunque a solo 3 de cada 10 personas le interese la política, a 10 de 10 personas les afecta. Por eso ¡pilas todos! Es hora de hacer algo por el país. 

Gracias por leer. #DemocraciaSalvajeSomosTodos

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