Los hijueputas, con Constantino Urcuyo

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Son las 8:00am y me voy a desayunar con Constantino Urcuyo y Ronulfo Jimenez. Ellos juntos son el dúo dinámico del programa Desayunos de Radio Universidad, de los viernes. Hoy solo compartiré la parte de la conversación con Urcuyo y la otra semana la de Ronulfo.

Constantino es un reconocido analista político y catedrático de la UCR, también fue diputado de la república y frecuentemente lo escuchamos en programas de radio o lo vemos dando análisis por televisión.

En esta ocasión no solo me concedió la entrevista, sino que además me invitó a comer pancakes. Nos sirven tres a cada uno, él se come dos y le lleva uno a su perro Facundo. Entonces yo lo imito, me como dos y le dono otro pancake a Facu.

Durante estas fechas postelectorales, hacer una entrevista y pretender preguntar algo que no se haya respondido en otros lugares es complicado. Somos un país pequeño y casi todo está dicho. Sin embargo, en esta ocasión procuro modelar la entrevista por el lado social, como lo expresamos para el tercer año de DS, y no tanto por lo político (aunque como ya sabemos, es imposible, porque todo es política).

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Constantino Urcuyo | Foto: FB personal

Respondiendo a mi abordaje, Constantino señala que el proceso electoral 2018 indica en negrita dos cosas a tener en cuenta:  la tolerancia y el respeto, y la inconveniencia de mezclar la política con la religión.

“Tolerancia y respeto por la gente que tenga ideas y convicciones religiosas diferentes a las mías y tolerancia y respeto a la gente que no tenga ideas ni convicciones religiosas, o sea, por los no creyentes.

En cuanto a la religión y a la política, a mí me parece que, no debemos perder de vista que las religiones que conocemos pretenden verdades absolutas y la vida social no es de una verdad absoluta sino de múltiples verdades. Por eso es que religión y política no, porque esto implica imponer de manera absoluta esa visión de la vida a los otros, y la vida en democracia básicamente lo que implica es que nos toleramos, nos respetemos y qué aceptemos las diferentes verdades de las personas”.

Sin duda los tintes religiosos de la anterior campaña electoral marcaron una monotemática cancha de discusiones políticas. No fue sino hasta que el tren ya parecía irse cuando en los últimos debates se apuntó a propuestas concretas. Más que todo del lado de Carlos Alvarado quien se valió de justos reclamos para atacar a Fabricio ante la falta de un plan de gobierno a menos de una semana de las elecciones nacionales. Empero, ¿y el resto del tiempo, ¿dónde quedó la discusión por los temas de fondo?

“Las discusiones monotemáticas (discusiones religiosas) no deberían enturbiar las discusiones de temas concretos y en este proceso sucedió, por ejemplo, infraestructura, reforma fiscal, desigualdad y pobreza fueron casi invisibilizados por estar discutiendo de si los cristianos dejaban por fuera a los católicos, o si las guías sexuales o el matrimonio igualitario, no solo de parte de algunos candidatos, sino de la sociedad en general, en algún momento las discusiones (sociales) giraron en torno a si alguien atacó o no a la negrita, si al pastor Rony estaba o no estaba loco, o si Carlos era o no comunista […] a todas luces estos temas no debieron ser los principales.

Porque acá es dónde queda un poco obviada la discusión de fondo, por ejemplo, temas importantes de nuestra vida internacional cómo es nuestra relación comercial con Estados Unidos, relación que se ve actualmente amenazada por el proteccionismo de Trump, no se escuchó nunca”.

Otra cosa de la cual ya se ha hablado mucho es sobre el mito de que todos somos iguales. Personalmente creo que la narrativa que se fue creando en algún momento de nuestra historia respecto a que todos “tenemos” (que en la realidad no somos todos) las mismas oportunidades de estudiar, acceder a los servicios de salud, a la libertad, etc, se fueron deformando con la idea de todos somos iguales. Constantino tiene su propia visión al respecto, él dice que en el fondo cree que todos siempre hemos sabido que no somos iguales, pero lo que sí es nuevo es expresar con acciones afirmativas nuestras diferencias.

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“En Costa Rica, en general, cuando todo es de un mismo color el que plantea la diferencia es el raro. Yo tengo un amigo profesor de sociología que tiene una frase muy buena y dice, este país es como una gran manada de ovejas que se extiende de aquí al horizonte y lo ocupa todo, y la oveja que levanta la cabeza, esto me lo decía mi amigo Óscar Fernández hace 30 años, le dan un garrotazo para que la vuelva a poner en su lugar, este era el pensamiento de hace 30 años en el que efectivamente se pretendía que las personas fueran iguales; esta campaña nos dejó muy claro qué hay diferencias profundas muy importantes y que ahora no solo una oveja quiere levantar la cabeza, sino miles”.

Nosotros y la política 1.0

Durante el tiempo que llevo escribiendo en Democracia Salvaje he aprendido que la misma cuestión existencial entre el huevo y la gallina está entre la política y la sociedad.

La pregunta de costumbre es ¿qué fue primero el huevo o la gallina? resulta interesante aproximarse a conclusiones sobre si la gallina puso el huevo o si del huevo vino la gallina, ¿me siguen? Ahora bien, con la política y la sociedad pasa algo parecido: ¿es la política un reflejo de la sociedad o es la sociedad un reflejo de su política?

La cuestión existencial y pregunta que planteo es si la conformación tradicional de los partidos políticos en la Asamblea Legislativa reproduce la apreciación de que todos somos iguales. Esta apreciación salió de los años de bipartidismo, donde incluso se llegó a hablar del PLUSC; apreciación que tal vez en los sistemas parlamentarios, donde se logran acuerdos entre bloques políticos distintos no significa, ni en la realidad ni en la práctica, que son iguales. Pero como este planteamiento es muy personal entonces le pregunto a Constantino, que tiene más de 40 años de analizar la realidad política del país.

 ¿Cree que ese reflejo del sistema político ha sido un semillero para que la sociedad se tome a sí misma como iguales?

“Mirá, es pregunta interesante, yo empecé a escribir sobre sistemas parlamentarios en el 91, y evidentemente un sistema parlamentario permite que se expresen mejor las diferencias y que, aceptando las diferencias, se lleguen a acuerdos que son temporales. Teniendo esto claro, la idea de este gobierno (Carlos Alvarado) del gobierno de unidad nacional es un poco ingenua. Porque se supone que todos vamos a entrar en una fusión del cuerpo místico de la política, y la vida no opera así, lo que va a pasar es que nos vamos a poner de acuerdo en algunas cosas y después vamos a estar en desacuerdo en otras.

En los regímenes parlamentarios lo que pasa es que hacemos un gobierno conjunto, pasa en Alemania, donde los socialdemócratas y demócratas cristianos se hicieron un gobierno juntos, pero cuando llegan a profundos desacuerdos se cae el gobierno y entonces inicia otro proceso con otras fuerzas para producir resultados diferentes. El error de pretender un parlamentarismo dentro del presidencialismo es que en el tiempo no se va a sostener la idea de gobierno de unidad, porque por ejemplo, a la señora Merkel, en este caso Primera Ministra alemana, no se le puede ocurrir despedir al Ministro de Finanzas socialdemócrata de la noche a la mañana, si así fuera lo que sucedería es que le presentan un voto de censura y se acaba la alianza, pero en nuestro contexto el presidente nombra directamente Ministro de Hacienda y lo despide el día que así lo crea conveniente y ¿qué consecuencias tiene esto para el gobierno? Ninguna, porque el gobierno se mantiene los 4 años.

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Vos vas a España y ves las fotos de la sesión del Congreso y en el hemiciclo unos están en la izquierda y otros están en la derecha, el señor Rajoy (Primer Ministro español) se sienta de primero en la primera fila y es el presidente del gobierno, porque en el régimen parlamentario quién elige al jefe del gobierno es el parlamento, en cambio aquí en el régimen presidencial quién elige al jefe de gobierno es el soberano, es decir, nosotros el pueblo”.

Perspectiva joven

¿Cómo ve la participación joven en la política?

“Primero, los jóvenes no son homogéneos, no es lo mismo el joven de Limón que trabaja en el muelle que todos los jóvenes que salieron aquí a la plaza Roosevelt el 1° de abril. No es lo mismo un joven que trabaja en agricultura ahí cerca de donde Ronulfo en Llano Grande, que mis alumnos de ciencias políticas o de la escuela sociología; la idea que han creado sobre los jóvenes, los millenials, de que todos son iguales porque es una generación digital, etc. es errónea, porque además hay estratos sociales dentro de los jóvenes. Luego también crean categorías artificiales de jóvenes, por ejemplo, he leído que jóvenes son todos los de los 18 a 40 años, y sorry pero no es lo mismo de 18 a 30 que de 30 a 40.

Te voy a poner un ejemplo personal, yo fui estudiante de los 18 a los 29 años, y me casé a los 32 años, ya a los 33 años era padre y proveedor de una casa, es decir, ya a los 33 tenía la obligación de pensar en mi hija cosa que a los 25 años cuando tuve la oportunidad de estudiar en el extranjero ni por la cabeza me pasaba. Con esta idea lo que quiero decir es que las actitudes políticas de las personas, en este caso de los jóvenes, responden a las condiciones existenciales de cada uno.

Antes de mis 30s yo viví en París con una beca y era el hombre más feliz del mundo, y no pensaba ni en mi pensión, ni en que si me moría a quién le dejaba algo porque no tenía plata, pero ya cuando me casé y cuando fui padre empecé a pensar sobre qué pasa si me muero, qué va a pasar con mi hija, quién la va a mantener. En una década mi visión del mundo cambió, es decir, las condiciones existenciales de los jóvenes van a determinar sus actitudes políticas”.

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Hagamos una pausa aquí. Las condiciones existenciales de los jóvenes determinan sus actitudes políticas. Claro. Por supuesto. Si pudieran ver mi cara cuando Constantino dijo esto, quedó el pancake a medio camino entre el plato y mi boca. Y es que a veces nos seguimos cuestionando porqué las zonas costeras son las que mayores índices de abstencionismo presentan, pero no nos cuestionamos en qué condiciones viven las personas y si son condiciones dignas. No es que no nos interese, pero parece que como sociedad hemos normalizado que sean comunidades pobres.

Claramente para estas comunidades su prioridad es el trabajo y no la política, y aunque nosotros sepamos que una buena política corregiría o ayudaría a disminuir gran parte de sus problemas, lo cierto del caso es que hemos tenido “buena” política a lo largo de los años, pero… mayoritariamente con impactos visibles en el Gran Área Metropolitana. Es entonces que nos damos cuenta que, aunque la participación joven es clave, es aún mejor conocer a los jóvenes en sus diferencias para saber cómo involucrarlos en política.

Sin pretender descubrir el agua tibia, ¿cree usted que la sociedad seguirá interesada en la política una vez pasado el subidón electoral?

“Yo creo que es la intensidad de la participación política no va a seguir, ya lo he visto en mucha gente que estaba muy encandilada y ya están de vuelta en sus actividades normales, por ejemplo, mi hija era una ferviente participante de la política durante campaña política pero ya ayer estaba corrigiendo exámenes y poniendo notas y preparando sus clases, es decir, ya se le bajó la temperatura y eso es más o menos lo que le va pasando a las personas”.

La pregunta del millón. Si usted pudiese darle a la gente, a los jóvenes, dos claves básicas para aprender a leer qué es lo que pasa a su alrededor ¿cuáles serían?

“Primordialmente hay que tener presentes que, estar conectados con la realidad política es igual a informarse por múltiples medios. No leer sólo un periódico, no ver solamente un telenoticiero, no escuchar solamente un programa de radio, etc.

Lo segundo sería que, volviendo a los ejemplos personales, en Francia cuando uno está con los amigos y quiere hablar de algo uno lo que dice es on va discuter, o sea, vamos a discutir. Para nosotros (en Costa Rica) discutir es pelear, es muy agresivo, pero discutir no necesariamente es pelear. Creo que es hora de que nosotros entremos en un periodo de discutir en el buen sentido, es decir, confrontar argumentos, escuchar los argumentos del otro y si no los compartimos mínimo respetarlos. También debemos exigir racionalidad en la conversación y no hígado y emocionalidad intensa”.

***

Urcuyo concluyó su segundo pancake y yo el mío. Ambos nos tomamos el café y Ronulfo también. Para terminar nuestra conversación Constantino recordó que después de este proceso electoral a este país hay que bajarle la temperatura emocional porque subió demasiado. Con la siguiente frase también recordó a Lenin, «tenemos que tener la cabeza fría y el corazón caliente», y hasta nos compartió un consejo que, según él, hace toda la diferencia en cuanto a cómo abordamos la vida en sociedad.

“Cuando yo empecé a hacer política práctica, un viejo amigo me dio un gran consejo. Una vez estábamos en una reunión analizando la coyuntura política, en aquel entonces he de haber tenido unos 33 años, y le digo, mirá es que los del partido tal son unos hijueputas, y se vuelve y me dice el carajo, mirá Tino vos tenés razón son unos hijueputas pero, ¿de qué nos sirve eso? ¿de qué nos sirve constatar que son hijueputas o que constatar que son ángeles? me entendés, no sirve de nada, a vos lo que te va a servir es entender porque son así y para entenderlos hay que escucharlos. No hay otra salida”.

¡Gracias por leer!

#DemocraciaSalvajeSomosTodos.

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