Datos, noticias, poca información, #SociologíaSalvaje

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Uno de los favores más grandes que he recibido en mi vida fue cuando iniciando en la carrera de sociología, el profesor de turno enfáticamente expresó que el sociólogo (a) no está obligado a saberlo ni a explicarlo todo. ¡Qué dicha que me lo dijo! Si nunca me lo hubiese dicho probablemente hoy estaría loco, dedicando días enteros a leer cuanto libro se haya escrito y tendría que vivir pegado a la computadora y al televisor con tal de que no se me pase ninguna noticia. Sobre todo porque cuando se habla de estudiar y analizar la sociedad, la cantidad de preguntas que surgen diariamente puede llegar a ser abrumadora.

Dicho lo anterior, no quiero dar a entender que no debe existir una preocupación por el conocimiento, al contrario, el conocimiento siempre será edificador y nos hará mejores jóvenes. La pasión por lo que hacemos y el deseo por ampliar nuestros horizontes es algo vital, desde mi punto de vista. Sin embargo,  como ya sabemos, todo exceso es malo. Y sí, efectivamente el exceso de información y el deseo exacerbado por saberlo todo puede tener efectos contraproducentes en nuestra capacidad analítica, y ni siquiera nos asegura conocimiento o tener una comprensión absoluta sobre lo que nos rodea.

Ahora sí, aterricemos esta discusión. Actualmente, si existe algo de lo que estamos sobrecargados en este país, es de datos, de noticias, de hechos, pero no precisamente de información. Las recientes elecciones presidenciales (2018-2022) fueron un ejemplo clarísimo del evidente salvajismo con el que se maneja el conocimiento que llega a la sociedad.

Cualquier cosa mínima fue objeto de debate, nada podía quedar fuera de las discusiones. Esto fue una verdadera locura. Hoy en día cada uno parece manejar su propia verdad a partir de que tan bien se informó. Ya la avalancha de datos que representó las elecciones nos arrolló y aún estamos contando las víctimas. Pero, ¿realmente dejó algo de información valiosa todo este movimiento en la cabeza de las personas, o solo provocó una división entre aquellos que aseguran tener la verdad y los que se ríen de aquellos que creen tenerla? Estas preguntas no hemos terminado de contestarlas y ya estamos en medio de una nueva avalancha post electoral.

El recién iniciado gobierno parece estar inevitablemente condenado a ser sometido al más grande escrutinio en la historia. La ciudadanía se encuentra en un estado alerta nunca antes visto, ávida de cualquier dato, imagen o vídeo que se escape a través de los medios. Esto genera una especie de histeria colectiva, ya que ante este fervor por sentirse involucrado en la política y tener un rol de ciudadano responsable nos da miedo quedarnos fuera de alguna noticia, nos preocupa que se comente un tema y no tener que decir.

Esto ha llevado a que actualmente se le dé pelota a cuanta cosa se hable sobre política en los medios y en redes sociales. Y acá entra el muy peligroso peso insostenible del exceso de información.

La información viaja a un ritmo aceleradísimo y no nos permite tomar el tiempo adecuado para reflexionar sobre lo que llega a nuestros ojos y oídos y ser capaces de separar el dato que importa y que transmite conocimiento sobre la noticia que es mera y llana basura. En estos tiempos en los que la política ha cobrado tanto vigor y todo el mundo quiere figurar, mi opinión es que no podemos permitirnos, en nuestro afán de mantenernos alerta y vigentes, convertir a la política en un circo mediático donde el chisme y el absurdo puedan más que la noticia certera e informativa.

Pero tampoco puedo echarle la culpa enteramente al pueblo por este papel vigilante que hemos tenido que asumir. Ciertamente el papel de aquellos que generan la noticia ha sido en muchos casos deplorable, la estrategia de andar buscando el pelo en la sopa (como leí por ahí), o de generar impacto más allá de brindar información nos ha obligado a librar una intensa lucha por identificar las noticia falsas o malintencionadas que contaminan el conocimiento de los jóvenes y de las personas en general. Hoy en día perdemos mucho más tiempo tratando de combatir el exceso de noticias basura antes que generar conversación sobre los temas verdaderamente importantes.

La estrategia de los medios irresponsables para generar exceso de información vacía ha sido repetida una y otra vez: títulos sensacionalistas, amarillistas que esconden el porqué de las cosas o las tergiversan, o de secuencias fugaces de imágenes y sonidos que logren impactar a la población y generen reacción inmediata a partir solo del dato, sin tiempo para reflexionar si lo que se ve o escucha es real.

De esta forma, por ejemplo, si ojeamos una publicación sobre alguna figura política en redes sociales que a primera vista nos parece escandaloso y bochornoso, el impacto es tanto que compartimos la noticia y opinamos sobre ella basados solamente en lo que ojeamos y asumimos como verdad, sin detenernos a separar lo bueno de lo malo, distinguir lo que importa sobre lo que hace daño.

Esto pasa porque creemos que no tenemos tiempo, porque al mismo tiempo están ocurriendo otras noticias y no podemos concentrarnos en  entender sobre una sola por miedo a no estar enterados de todo lo que pasa.

En lo cotidiano

Cuando alguien entra a una tienda de zapatos, toma los primeros zapatos que ve, los escanea un poco pero, de pronto ve a la par unos que también le gustaron y tira los que tenía en las manos para agarrar estos nuevos. Así es como termina viendo todos los zapatos de la tienda hasta que no tiene idea de cuales quiere.

Con el exceso de información pasa lo mismo. vamos repasando una noticia tras otra, recogiendo datos, memorizamos las cosas pero nunca nos detenemos a intentar comprender lo que nos rodea, o sea que, en realidad no sabemos nada.

De esta forma, si mañana leemos en algún perfil falso, de esos que abundan tanto, que X político se robó 100 millones, nos escandalizamos, no nos cuestionamos si la fuente de la información es formal ni creible y la tomamos como verdadera. Peor aún, aquel que se topa con la información que compartimos la reproduce tal cual, generando una red de ignorancia sumamente tóxica.

La política ha sufrido de esto a gran escala y las consecuencias, aparte de que las sufrimos todos, son muy negativas. Si se combina la abundancia de datos con la poca información valiosa resulta que el acto responsable de los jóvenes y ciudadanos de vivir enterados de lo que ocurre y querer generar opinión se convierta más bien en una guerra por andar detrás de cuanta noticia aparece. Unos por creer que leerlo todo le hace sabio y otros por evitar que las noticias malintencionadas se propaguen.

el ataque masivo de los medios conlleva a un problema gravísimo, denominado por los  estudiosos como Infoxicación. Una nueva forma de contaminación mental que ocurre cuando la información que nos rodea o aquello que creemos que debiéramos saber supera nuestra capacidad de asimilación.

Cuando el joven [ciudadano] se siente demasiado contaminado por las noticias que ve, y se siente incapaz de darle explicación a los datos que maneja, lo que ocurre es que renuncia a seguir intentando y así es como, entre otras cosas, nace la apatía por la política.

Lamentablemente prevalecen las noticias que nos aburren y nos quitan el deseo de participar activamente en la sociedad. Cuando un ciudadano es constantemente mal informado la capacidad de maniobra que existe para cambiar su mentalidad es bastante estrecha.

Enfrentar el exceso de información que carcome por completo nuestra capacidad de análisis crítico no es algo sencillo, sobretodo en tiempos donde informarse está a un perillazo o un click de distancia (en este país).

Sin embargo, existen formas en las que podemos poner de nuestra parte. No se trata, volviendo al ejemplo de los zapatos, de comprar los primeros zapatos que vemos y listo, o sea, de conformarnos con la primera noticia que nos topemos. Se trata, así como normalmente sabemos que tiendas de zapatos nos gustan y así evitarnos recorrer la ciudad entera en busca de unos, de poder decidir qué medios queremos que nos informen a partir de la calidad de información que ofrecen.

Se trata de tomar en cuenta que no importa el dato por sí solo, sino cómo ese dato se convierte, a través del pensamiento, en información que responda a nuestras múltiples preguntas y nos ayude a comprender la realidad en la que vivimos.

Se trata además de sentido común, y de, ojalá, hacernos las preguntas correctas. Se trata de dudar sobre el dato que se nos ofrece, de contrastar la información existente en distintos medios y poder discernir entre la noticia que debe perdurar y hacerse importante y aquella que no genera discusión de profundidad.

Y se trata, por encima de todo (ante el miedo de que me vayan a malinterpretar) de no creer, ante esta iniciativa actual de tomar con esperanza el gobierno de unidad nacional, que toda crítica hacia la política es con el deseo de hacerle daño al país. Claramente debe existir siempre el análisis y crítica, pero hay una gran diferencia entre la crítica que aporta buenos puntos de vista y aquella que destruye y lleva intenciones de separar.

En Costa Rica, la libertad para expresarnos que existe debe más bien ser utilizada como un arma para educar a la población y no como una excusa para realizar comunicación barata y sin sentido. La reflexión final que debe existir es que, si nos vamos a dedicar a querer saberlo todo, que sea todo lo que ayude al progreso del país.

¡Gracias por leer!
#DemocraciaSalvajeSomosTodos.
Seguinos en Untitled design (1)DemocraciaSalvj & Untitled designDemocraciaSalvj

2 comments

  1. Buen comentario y muy cierto lo escrito. Clorito Picado dijo que a Dios se le olvidó poner el undécimo mandamiento: desconfiarás de prójimo como de ti mismo. El se refería a la desconfianza como método de encontrar la verdad científica pero en la vida cotidiana, funciona también muy bien.

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