La última línea de la democracia, con Pablo Barahona ex embajador de la OEA

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Usualmente cuando en democracia vamos a votaciones nacionales, únicamente pensamos en que escogeremos a quienes se sientan en las curules legislativas y a quien se sienta en la silla presidencial. Pero lo cierto del caso es que, también escogemos indirectamente a los ministros, presidentes ejecutivos, embajadores, etc.

Esta escogencia indirecta es lo que Pablo Barahona, ex embajador de Costa Rica ante la Organización de Estados Americanos, llama “la última línea de la democracia”. Muchas veces obviada u olvidada por los electores.

Sin embargo, hay también otras escogencias y ciertas decisiones que quedan por completo ajenas a la democracia: los Derechos Humanos.

Los derechos humanos como límite de la democracia

Además de haber sido embajador de nuestro país ante la OEA, Pablo Barahona es abogado y tiene una especialidad en Derechos Humanos, desde la cual exploró, lo que personalmente me resulta nuevo, la perspectiva de democracia vista desde los derechos inherentes de cualquier ser humano.

“La democracia nos la inculcan como un concepto totalizante, no solo desde el punto de vista politológico, sino también jurídico y de comunicación. Con totalizante quiero decir absoluto”.

En este sentido Pablo se refiere a que el término ha sido por muchos años incuestionable e incluso invariable. Esto que dice, de algún modo, me resulta hasta cierto punto cierto. Personalmente nunca me había cuestionado los alcances de la democracia como sistema político, porque sinceramente nunca había incluido en la ecuación la variable “Derechos Humanos” (DD.HH).

Es decir, según mi concepción, la democracia es el poder del pueblo en armonía con los derechos personales, pero oh, oh. No es un mundo balanceado y por tanto tal armonía no existe. No puedo creer tanta ingenuidad de mi parte. Sigamos.

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“En democracia no hay modulación discursiva. Democracia es un concepto universal, es un término bandera que es tan tan positivo que ni siquiera se cuestiona en términos críticos para mejorar”.

Este punto me parece fundamental y revelador. Tan representativo como cualquier interacción cotidiana en el trabajo, ¿qué pasa si nuestro trabajo no es sometido a críticas?, ¿qué sucede si no estamos abiertas/os a propuestas de mejora? Todo mal. Bajo esta lógica es normal, natural y preciso evaluar lo que la costumbre y conceptualizaciones milenarias en ocasiones nos impiden ver.

¿Hay que discutir con la democracia?

—Hay que hacerlo para mejorarla. La mejor discusión que se le puede presentar a la democracia es la doctrina de los Derechos Humanos. Esto quiere decir que los DDHH son la frontera de la democracia.

¿En qué sentido frontera?

Frontera como concepto tiene dos referentes. Primero, es donde termina un territorio, pero es también donde empieza otro; cuando digo frontera, no es únicamente decir hasta aquí llega la democracia, es también decir aquí es donde se puede empezar a profundizar la democracia.

Entonces, los Derechos Humanos sirven para entender que hay una base dura que es la esencia de la democracia como conquista de muchos derechos, pero también los DD.HH tienen sus propias grandes conquistas, como el derecho al sufragio de las mujeres, los derechos de las minorías afro en ciertas latitudes, el derecho al ambiente opuesto al derecho al desarrollo, por ejemplo”.

Estas son conquistas de minorías, no de mayorías. Por esta razón dice Pablo que, la lógica de que la democracia es lo que la mayoría decide no debería ser una lógica absoluta.

¿Qué papel juegan las minorías en las democracias?

Son minorías que se oponen al Estado y le dicen, con la mano en el pecho, “a este que está aquí usted no lo puede afectar por más mayoría que sea”. Otra vez, vamos al ejemplo de los derechos de las mujeres, que empezó [en términos políticos] con el derecho al sufragio, pero no solo se alcanzó este logro sino que fueron por más, paridad, etc.

Un derecho adquirido no solo no se puede debilitar, sino más bien va en aumento, por eso se habla de la progresividad de los Derechos Humanos. Estos Derechos son inherentes al ser humano, por eso la última línea de la democracia es la profundización de los Derechos más elementales.

¿Cómo se puede interpretar este “límite a la democracia”?

La última línea de la democracia no la limita, la potencia. Porque obliga a la mayoría a avanzar en la agenda de Derechos.

Por eso es una frontera con doble referente. Termina el territorio de las mayorías, siempre inhóspitas, que disponen sobre muchos avances pero no en materia de Derechos Humanos, donde quienes históricamente han pujado por estos avances son las minorías. ¿cuáles minorías? sobre todo las que ven violentados sus propios derechos y aquellas minorías solidarias que acompañan a la población directamente afectada, por ejemplo, hay minorías indígenas luchando por sus derechos, pero también hay personas no indígenas que luchan por los derechos de los indígenas”.

Los Derechos Humanos son la vía más segura para vivir en democracia

“La democracia es un sistema que trata de diluir el poder [político] en una mayoría, pero que a la vez trata de sostener en el tiempo para que cualquier regresión social tenga que darse también a partir de una mayoría. Una mayoría que puede tocar todo lo alcanzado excepto aquello que se haya dado en materia de Derechos Humanos”.

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Visto y aprendido el tema al que nos introduce Pablo hoy, no tengo otra pregunta que, entonces, ¿cuál es la magia de escoger un gobierno en democracia? Su franca y razonable respuesta tiene mucho, lo que llaman, cable a tierra.

“Yo diría que el realismo político. Yo en eso soy realista, me defino como estudioso bien informado. Es decir, no caigo ni en tesis pesimistas ni en tesis optimistas. En este sentido, me parece que sin duda hay un cambio en nuestra política, y no es un cambio único de Costa Rica, sino de otros países del mundo también.

Sin embargo, este cambio generacional, específicamente en nuestro país significan una reconfiguración de las coordenadas de comunicación. Sobre todo para decirnos en qué disentimos, no necesariamente en qué estamos de acuerdo, que es la parte más aburrida de la vida, por cierto.

El cambio en ese código binario de la política de amigo-enemigo irá cambiando, hasta caer en un estado de política superior en que entendamos que lo que hace falta en Costa Rica es un sinceramiento del poder”

Con esta última frase Pablo dijo que, es hora de que en Costa Rica se dejen de matar hormigas mientras los elefantes pasan por detrás. Es hora de que se dejen de soslayar los temas estructurales con temas agradables al público.

***

Los recientes tiempos electorales dejaron una herida justo en la mitad del corazón costarricense. Están quienes, a favor de las libertades individuales, entre otras cosas, votaron por Carlos Alvarado y están 800 mil personas que votaron por tutelar desde “la mayoría” por los derechos inherentes al ser humano, de las minorías.

Con el cuestionamiento a la democracia como sistema político base de nuestra sociedad es que, podemos iniciar una discusión sobre ¿qué tipo de democracia queremos?, ¿qué tipo de sociedad somos? Pero ojo, el tema no atañe solamente a la mayoría. El tema es mucho más profundo, el tema es de todos. #DemocraciaSalvajeSomosTodos

¡Gracias por leer!
#TodosPorUnPaísMejor
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