¿Cuál legado político?

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Pasó la campaña electoral. Pasaron las elecciones. Pasó la coyuntura. Pasó el gobierno de Luis Guillermo Solís. En tanto evento pasajero, ¿cuál legado nos deja la política?

Los tiempos que vivimos son acelerados, pero no por eso debemos perder la perspectiva de los legados políticos. No por eso debemos dejarnos gobernar por la inmediatez. La política no es otra cosa que la construcción de un país en el presente claro, pero sin ignorar que el futuro también será nuestro presente algún día. Mañana mismo.

A menudo las decisiones impostergables son las menos populares. Reformas fiscales, reformas en el sector público, reformas sociales, reformas políticas digamos la manera en que se eligen ciertos puestos políticos, por decir diputados, magistrados, defensor/a y contralor/a de la República.

En el mundo, así como en nuestro país, han existido batallas ideológicas entre bandos, donde alguno de los dos grupos es reconocido, en retrospectiva, como visionario, aunque en el momento mismo del hecho haya sido solo un impopular idealista en su propia tierra, Nelson Mandela, por ejemplo.

En la misma línea de Mandela, Barack Obama resulta ser un orador brillante, elocuente y claro en sus ideas, por no decir sencillo. Esa es la magia de sus discursos, la sencillez con la que explica un evento complejo.

Esa sencillez pone al alcance de todos quienes lo escuchan la política. A propósito de Mandela y Obama, la semana anterior se celebró en Johannesburgo la Conferencia Anual sobre Nelson Mandela y a Obama lo invitaron a participar del conmemorativo evento que celebró los 100 años del nacimiento de Madiba (como también conocen a Mandela), fue su primer discurso público luego de que dejara la Casa Blanca.

Sus palabras invitan a la reflexión, una de las más claras es que, a veces, el sentido común no es tan común, porque “dados los extraños e inciertos tiempos en los que vivimos —que son extraños, y son inciertos—, en los que las noticias de cada día generan nuevos, confusos e inquietantes titulares, he pensado que tal vez sería útil retroceder un instante y tratar de ver las cosas con cierta perspectiva”.

La perspectiva de la que Obama habla no es otra que la del tiempo. La retrospectiva nos da un chance de pensar y analizar que quienes gobiernan hoy lo hacen con efectos para la posteridad. Eso no hay que perderlo de vista, porque en el mismo momento que perdamos eso de vista empezamos a aceptar propuestas simplistas, carentes de toda estrategia a futuro. Ni empecemos a hablar de las finanzas públicas. Bueno.

El punto es que, en retrospectiva Obama comparte su visión particular del legado de Mandela. El legado de la democracia.

El discurso del ex presidente Obama fue compartido por la oficina del mismo Barack*, los extractos compartidos son escogidos adrede, puesto que el discurso es largo:

«No había ninguna razón para creer que un niño negro en esa época, en este lugar, iba a cambiar la historia.

Sudáfrica no llevaba ni una década liberada del dominio británico. En ese momento ya se estaban elaborando las leyes para poner en práctica la segregación y la opresión racial, lo que se conocería luego como el Apartheid. La mayor parte de África, incluida la tierra natal de mi padre, vivía bajo el poder colonial.

Las potencias europeas, que habían puesto fin a una horrible guerra mundial pocos meses antes de que naciera Madiba, decidieron que este continente y sus habitantes eran, sobre todo, el botín de una disputa por el territorio, por sus abundantes recursos naturales y su mano de obra barata. La inferioridad de la raza negra se daba por descontada, así como la indiferencia hacia la cultura, los intereses y las aspiraciones de la gente de color.

Esta visión del mundo —que defiende que ciertas razas, naciones y grupos son superiores al resto, que fomenta la violencia y la coacción como la base fundamental para gobernar, basada en la ley del más fuerte y cimentada en la idea de que la riqueza se obtiene sobre todo por la fuerza— no se limitaba a las relaciones entre Europa y África ni entre blancos y negros. Los blancos también explotaban a otros blancos cuando podían. Y, por cierto, los negros también estaban muchas veces dispuestos a hacer lo mismo con otros negros.

En todo el mundo, la mayoría de la gente tenía una vida de subsistencia, sin voz ni voto en la política ni en la economía. A menudo estaban sometidos al capricho y la crueldad de unos líderes ajenos a la realidad de sus países. Una persona corriente no tenía posibilidades de cambiar las circunstancias que determinaban su lugar de nacimiento.

»Las mujeres estaban supeditadas a los hombres. El privilegio y el estatus estaban rígidamente vinculados a la casta y al color de la piel, el origen étnico y la religión. Incluso en mi propio país, en una democracia como Estados Unidos, basada en la declaración de que todos los hombres son iguales, la segregación racial y la discriminación sistemática eran legales en casi la mitad del país y habituales en todo el resto.

Así era el mundo hace solo 100 años.

Nelson Mandela dedicó su vida a este largo camino hacia la libertad, la justicia y la igualdad de oportunidades.

5003112842_49c6ca7ecc_b[…] vi a Madiba salir de prisión, sólo unos meses después de la caída del muro de Berlín. Sentí la ola de esperanza que recorrió los corazones de todo el planeta. ¿Recuerdan ese sentimiento? Parecía que las fuerzas del progreso eran imparables. Con cada paso que daba Madiba, uno sentía que ese era el instante en el que las viejas estructuras de violencia y represión y los antiguos odios que durante tanto tiempo habían cercenado las vidas de la gente y reprimido el espíritu humano, estaban derrumbándose ante nuestros ojos.

Y luego, cuando Madiba condujo a esta nación a través de las laboriosas negociaciones, la reconciliación, las primeras elecciones libres y democráticas, cuando todos presenciamos la delicadeza y generosidad con la que aceptó a sus antiguos enemigos y la sabiduría que demostró al apartarse del poder cuando pensó que su labor estaba hecha, comprendimos que los subyugados y los oprimidos no eran los únicos que estaban liberándose de los grilletes del pasado.

Madiba estaba ofreciendo al opresor un regalo, la oportunidad de ver la realidad de otra manera, de participar en la construcción de un mundo mejor».

El legado de la Costa Rica de los años cuarenta sigue vigente, pero ¿por cuánto más seguiremos viviendo de las mieles del pasado? Tales logros se alcanzaron hace 60 años, se-sen-ta. ¿Vamos a seguir diciendo que es que el ICE, la Caja, la UCR? Y bueno, no es que no hayamos alcanzado cosas importantes como enviar un satélite al espacio o subir la esperanza de vida… pero el legado político de las últimas dos décadas, ¿cuál es? Algunos podrían decir avanzar en Derechos Humanos (DD.HH), pero no.

En los 40s fuimos pioneros en la región, ahora, en cuanto a los DD.HH, nos está agarrando tarde. Continúa Obama, explica que aunque Mandela dio un ejemplo maravilloso y cambió el curso de la historia, en parte, permitiendo que “hoy exista una generación que ha crecido en un mundo que, en la mayoría de los aspectos, es cada vez más libre, más saludable, más rico, menos violento y más tolerante”, los retos que enfrentamos siguen siendo mayúsculos:

«El hecho de que los gobiernos y los poderosos no hayan afrontado verdaderamente los fallos y las contradicciones del orden internacional es una de las razones por las que gran parte del mundo corre hoy el peligro de volver a una vieja forma de actuar más brutal y peligrosa.

Por eso tenemos que empezar por reconocer que, por más leyes que existan sobre el papel, por más declaraciones maravillosas que figuren en las constituciones, por más bellas palabras que se hayan pronunciado en las últimas décadas en las cumbres internacionales o en los pasillos de Naciones Unidas, las viejas estructuras de poder y privilegio, de injusticia y explotación nunca desaparecieron del todo.

[…] también es innegable que las desigualdades acumuladas durante años de opresión institucional han creado inmensas diferencias de rentas, riqueza, educación, sanidad, seguridad personal y acceso al crédito.

En todo el mundo, a las mujeres y las niñas se les sigue obstaculizando el acceso a posiciones de poder y autoridad. Se les sigue impidiendo el acceso a una educación básica. Son víctimas, en una proporción abrumadora, de violencia y malos tratos. Se les paga menos que a los hombres por el mismo trabajo. Todo eso sigue ocurriendo.

Hay barrios, ciudades, regiones, países enteros a los que las oportunidades no han llegado, a pesar de las maravillas de la economía globalizada y los rascacielos relucientes que han transformado paisajes en todo el mundo».

Las asperezas sociales se agudizan resultado de un mundo cada vez más desigual. Argumenta Obama que hay quienes toman decisiones desde la comodidad del aislamiento social que ofrece la riqueza. Esos ricos son quienes toman decisiones por muchos pobres, “desde sus salas de juntas y sus retiros, los que toman las decisiones que repercuten en el mundo entero no tienen la oportunidad de ver el dolor en el rostro de un trabajador despedido. Sus hijos no sufren cuando se hacen recortes en educación y sanidad porque hay menos ingresos fiscales debido a la evasión de impuestos”. Y todo esto solo produce que surjan en el mundo figuras autoritarias que suponen un peligro para la democracia».

Pseudodemocracia

 

«Y entonces empezó a aparecer una política del miedo, del resentimiento y la trinchera, y ese tipo de política está hoy progresando. Está progresando a un ritmo inimaginable hace unos años. No soy alarmista, me limito a exponer los hechos. No hay más que mirar alrededor.

not-my-president-button-3De pronto está en ascenso la política del hombre fuerte, que conserva las elecciones y una pseudodemocracia —solo en la forma— mientras que los que ocupan el poder tratan de socavar todas las instituciones y las normas que dotan a la democracia de significado

En occidente tenemos partidos de extrema derecha que a menudo no solo presentan programas proteccionistas y de cierre de fronteras sino también un nacionalismo racista apenas oculto.

Muchos países en desarrollo se fijan hoy en el modelo de control autoritario y capitalismo mercantilista de China y lo consideran preferible a las complicaciones de la democracia.

¿Qué más da tener o no libertad de expresión mientras la economía vaya bien? Se ataca la libertad de prensa. La censura y el control estatal de los medios son cada vez mayores. Las redes sociales, que se consideraban un mecanismo para promover el conocimiento, la comprensión y la solidaridad, han demostrado su eficacia a la hora de fomentar el odio, la paranoia, la propaganda y las teorías de la conspiración.

»Por consiguiente, ahora que conmemoramos el 100 aniversario de Madiba, nos encontramos en una encrucijada, un momento en el que dos visiones muy distintas del futuro de la humanidad compiten para conquistar a los ciudadanos de todo el mundo. Dos relatos diferentes sobre quiénes somos y quiénes debemos ser. ¿Cómo debemos reaccionar?

¿Debemos pensar que la ola de esperanza que sentimos cuando Madiba salió de la cárcel y cayó el Muro de Berlín era una esperanza ingenua y equivocada? ¿Debemos interpretar los últimos 25 años de integración mundial como un mero desvío del inevitable ciclo de la historia en el que el fuerte siempre tiene la razón y la política es una rivalidad hostil entre tribus, razas y religiones, en el que los países compiten en un juego de suma cero y están constantemente al borde del conflicto hasta que estalla una guerra total? ¿Es eso lo que pensamos?

Les voy a decir lo que creo yo. Creo en la visión de Nelson Mandela. Creo en una visión que era también la de Gandhi, Martin Luther King y Abraham Lincoln. Creo en una idea de igualdad, justicia, libertad y democracia multirracial, construida sobre la premisa de que todas las personas son iguales y nuestro creador dio a todas unos derechos inalienables. Y creo que un mundo regido por esos principios es posible y puede lograr más paz y más cooperación en busca del bien común. Eso es lo que creo.

Y creo que no tenemos más remedio que seguir adelante; que quienes creemos en la democracia, los derechos civiles y una humanidad común, tenemos un relato mejor que contar. Y pienso que no es una opinión basada en sentimientos, sino en hechos irrefutables».

Los hechos irrefutables de la democracia según Obama

  • El hecho de que las sociedades más prósperas y triunfadoras del mundo, las que tienen el mayor nivel de vida y el mayor grado de satisfacción entre su población, sean precisamente las que más cerca están de ese ideal progresista y liberal y las que han fomentado el talento y las contribuciones de todos sus ciudadanos.
  • El hecho de que se ha demostrado, una y otra vez, que los gobiernos autoritarios generan corrupción, porque no rinden cuentas ante nadie; que reprimen a su pueblo, acaban perdiendo el contacto con la realidad, cuentan cada vez más mentiras y, al final, provocan el estancamiento económico, político, cultural y científico. Compruébenlo en la historia. En los datos.
  • El hecho de que los países que se apoyan en el nacionalismo desatado y la xenofobia y en doctrinas de superioridad tribal, racial o religiosa, en los que ese es el principio que mantiene unidos a los ciudadanos, acaban por consumirse en guerras civiles o externas. No hay más que ver los libros de historia.
  • El hecho de que la tecnología no es un genio que pueda volver a la lámpara, por lo que ahora tenemos que acostumbrarnos a la idea de que estamos más conectados, las poblaciones van a seguir desplazándose y los retos medioambientales no van a desaparecer por sí solos, de modo que la única manera eficaz de abordar problemas como el cambio climático, las migraciones de masas y las enfermedades pandémicas será desarrollar sistemas que aseguren más cooperación internacional, no que la reduzcan

»Nosotros tenemos un relato mejor. Pero decir que nuestra visión del futuro sea mejor no significa que vaya a ganar inevitablemente. Porque la historia también demuestra el poder del miedo. La historia demuestra cómo la codicia y el deseo de dominar a otros se apodera de las mentes de los hombres.

POLÍTICA

La historia demuestra lo fácil que es convencer a la gente de que se vuelva en contra de los que tienen un aspecto distinto o rezan a Dios de otra forma. Por eso, si verdaderamente queremos continuar el largo camino de Madiba hacia la libertad, vamos a tener que esforzarnos más y vamos a tener que ser más inteligentes.

Vamos a tener que aprender de los errores del pasado reciente.

Madiba nos enseña, a quienes creemos en la libertad y la democracia, que vamos a tener que luchar más para reducir las desigualdades y promover unas oportunidades económicas duraderas para todos.

Yo no creo en el determinismo económico. No solo de pan vive el ser humano. Pero sí necesita pan. Y la historia nos enseña que las sociedades que toleran grandes diferencias de riqueza dan pie a resentimientos, disminuyen la solidaridad y crecen más despacio; y que, cuando la gente alcanza un nivel que va más allá de la mera subsistencia, empieza a medir su bienestar en comparación con sus vecinos y en función de si sus hijos tendrán una vida mejor.

Y la historia demuestra también que, cuando el poder económico está concentrado en manos de unos pocos, detrás va el poder político, y esa es una dinámica que socava la democracia».

El legado de servir, no de servirse, es el legado de la democracia

Que los diputados aprueban recortes de pluses salariales en el sector público pero no en la Asamblea Legislativa. Que los magistrados aprueban una alza en las pensiones del Poder Judicial. Esto es: tolerar estas disparidades sociales generan resentimiento, tal y como Obama lo dijo.

Que alguien obtiene un préstamo multimillonario porque es amigo del gerente de tal banco y a la vez del magistrado de la sala tal que, además es bestie del fiscal general… ¿seguimos?

¿A quién le están dejando un legado nuestros políticos?, ¿Es acaso que se han planteado dejar un legado democrático al país?

«Mandela lo comprendió. Dijo: La democracia se basa en el principio de mayoría. Sobre todo, en un país como el nuestro, en el que la gran mayoría se ha visto sistemáticamente desposeída de sus derechos. Al mismo tiempo, la democracia exige que se protejan los derechos de las minorías políticas y de otro tipo. Madiba comprendía que no se trata solo de saber quién tiene más votos. Se trata de la cultura cívica que construimos y que hace que la democracia funcione.

Por consiguiente, debemos dejar de fingir que los países que celebran elecciones en las que, por arte de magia, el ganador obtiene el 90% de los votos, porque toda la oposición está en la cárcel o no puede aparecer en televisión, son democracias. La democracia necesita instituciones fuertes, y la protección de los derechos de las minorías, y un sistema de controles y equilibrios, y libertad de expresión, y libertad de prensa, y el derecho a protestar y a reclamar al gobierno, y un aparato judicial independiente, y que todo el mundo tenga la obligación de respetar la ley.

Y es verdad que la democracia puede ser caótica, puede ser lenta, puede ser frustrante. Les aseguro que lo sé. Pero la eficiencia que ofrece un autócrata es una falsa promesa.

»No hay que hacerle caso, porque conduce de manera inevitable a una mayor consolidación de la riqueza y el poder en la cima y hace que sea más fácil ocultar la corrupción y los abusos.

A pesar de todas sus imperfecciones, una democracia genuina es el sistema que mejor defiende la idea de que el gobierno está para servir al individuo, y no al revés. Y es la única forma de gobierno que tiene la posibilidad de hacer realidad esa idea.

De modo que los que estamos interesados en fortalecer la democracia debemos dejar de prestar toda nuestra atención a las capitales del mundo y los centros de poder y empezar a pensar más en las bases, porque ahí nace la verdadera legitimidad democrática. No en la cima, no en teorías abstractas, no en los expertos, sino en las bases. En las vidas de los que luchan para salir adelante.

Madiba nos enseña que, para que la democracia funcione, además, debemos enseñar constantemente a nuestros hijos —y a nosotros mismos— algo muy difícil, a dialogar con personas que no solo tengan un aspecto distinto sino también opiniones distintas. Es muy difícil

En general, todos preferimos rodearnos de opiniones que den validez a lo que ya pensamos. Uno suele pensar que las personas a las que considera inteligentes son las que están de acuerdo con uno mismo. Es curioso. Pero la democracia exige que seamos capaces también de introducirnos en la realidad de otros que son distintos a nosotros, para comprender su punto de vista.

Quizá podemos hacerles cambiar de opinión, pero quizá sean ellos los que nos hagan cambiar de opinión a nosotros. Y es imposible hacerlo si, para empezar, despreciamos lo que quieren decir los adversarios. Es imposible si insistimos en que los que no son como nosotros —porque son blancos o porque son hombres— no pueden entender de ninguna manera nuestros sentimientos, que, en cierto modo, carecen de autoridad para hablar de ciertos temas».

Resistir el cinismo de los autócratas

Los antisistema dan sorpresas, durante las elecciones del 2014 dieron nueve curules al Frente Amplio, esta vez las dieron a Restauración Nacional. Pero también dieron 8% de aprobación a Juan Diego Castro, quien con todo cinismo prometió en sus discursos de miedo mano dura.

A pesar de que su base siempre fue el miedo, curiosamente no tuvo miedo de valerse de tal elemento para convencer a los confundidos y volátiles electores. ¿Cómo se atrevió a valerse de mentiras para construir su campaña electoral? Bueno, desde mi credulidad e ingenuidad, la única respuesta es el cinismo.

«Es tentador ceder al cinismo, creer que los cambios recientes en la política mundial son demasiado fuertes para oponerse a ellos y esta oscilación del péndulo es permanente. Igual que se hablaba del triunfo de la democracia en los años noventa, ahora se oye hablar del fin de la democracia y el triunfo del tribalismo y el hombre fuerte. Debemos resistirnos a caer en ese cinismo.

Porque hemos vivido épocas más oscuras, hemos atravesado valles más bajos y más profundos. Es verdad que, en la última etapa de su vida, Mandela representó el triunfo de la lucha por los derechos humanos, pero el recorrido no fue fácil, no fue predeterminado. Madiba estuvo en la cárcel durante casi tres décadas.

FOTO AP
Mandela estuvo preso en la prisión de Robben Island y fue liberado en febrero de 1990 | Foto, sin cortesía de, AP

Aun así, durante esos años, su poder aumentó, y el de sus carceleros disminuyó, porque sabía que, si uno se aferra a la verdad, si sabe de verdad lo que siente en su corazón y está dispuesto a sacrificarse por ello, incluso con todo en contra, incluso sabiendo que puede no conseguirlo mañana ni la semana que viene, quizá incluso en toda su vida, al final, aunque haya retrocesos provisionales, la razón acaba venciendo, el mejor relato puede triunfar.

Por muy fuerte que fuera el espíritu de Madiba, no habría mantenido la esperanza si hubiera estado solo en su lucha. Parte de lo que lo sostenía era saber que, año tras año, las filas de los combatientes por la libertad se iban poblando de hombres y mujeres jóvenes que, en Sudáfrica, en el Congreso Nacional Africano y en otros lugares, negros, indios y blancos, en todo el país, todo el continente y todo el mundo, siguieron trabajando para hacer realidad su visión».

Jóvenes y democracia

¿Qué estamos haciendo por nuestro país?, ¿Cómo trabajamos los jóvenes por un país mejor? Pero no seamos tan endogámicos y miremos por un segundo al prójimo.

Desgarradoramente en Nicaragua están dando su vida quienes creen en el proyecto democrático.

Hagamos un alto. Pensemos por un segundo de que lo que está pasando en Nicaragua nos está pasando a todos. Son nuestros jóvenes latinoamericanos y sus padres y madres quienes sufren en manos del dictador y la Chayo.

«Eso es lo que necesitamos ahora, no solo un líder, sino, sobre todo, ese espíritu colectivo. Y sé que en todo el mundo están reuniéndose esos jóvenes portadores de esperanzas. Porque la historia demuestra que, cuando el progreso está amenazado y se ponen en tela de juicio las cosas que más nos importan, debemos hacer caso de lo que dijo Robert Kennedy aquí, en Sudáfrica: “Nuestra respuesta es la esperanza del mundo: confiar en los jóvenes. Confiar en el espíritu de los jóvenes”.

Así, pues, jóvenes, los jóvenes que están entre el público, los que están escuchando, mi mensaje es sencillo: sigan creyendo, sigan avanzando, sigan construyendo, sigan alzando la voz.

Cada generación tiene la oportunidad de rehacer el mundo. Mandela dijo: “Cuando despiertan, los jóvenes son capaces de derribar las torres de la opresión y levantar las banderas de la libertad”. Este es un buen momento para despertar. Es un buen momento para ponerse en marcha.

Los que valoramos el legado al que hoy estamos rindiendo homenaje —un legado de igualdad, dignidad, democracia, solidaridad, bondad—, los que seguimos siendo jóvenes de corazón, aunque no de cuerpo, tenemos la obligación de ayudar a nuestros jóvenes a triunfar».

***

Si bien Obama, para muchos no será el referente de la democracia global, por no cumplir todas sus promesas de campaña cuando fue presidente de EE.UU,  sigue inspirando en partes iguales a seguidores y detractores.

Si bien algunos podrán no encontrar coherencia entre su gobierno y sus discursos, no se puede negar que sus palabras son coherentes con los tiempos que vivimos. Demandamos urgencia por tratar a la democracia como importante.

Urgimos de tiempos donde el debate ciudadano no se circunscriba al escándalo de moda. Es decir, en serio, ¿qué sucederá con el sistema de pensiones si no lo revisamos?, ¿en serio es tan fácil decir que es que “de-por-sí yo ni pensión voy a tener”? Tenemos que pensar a largo plazo. 

¿Es posible seguir evadiendo la responsabilidad fiscal con propuestas populistas como no tasar canasta básica?, ¿Cuál legado nos están dejando los políticos de turno? legados corto-placistas que los complacen a ellos mismos.

Hay que dejar de ver las decisiones importantes como “de costo político”, porque es que si no se toman esas decisiones el costo será de todos y todas. ¿Estamos exigiendo un legado? Bueno, hoy el texto no es amigable, pero es lo que es.

Somos el país que somos. Somos el país que decidamos ser. Gracias por leer.

*La traducción del discurso en elpaís.com
#TodosPorUnPaísMejor
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