El miedo como recurso político

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Para efectos de que este texto les haga sentido, pensemos en política como cualquier acción que busca causar un efecto en los círculos de poder del país, como el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y también es los poderes vivos de la sociedad civil, como movimientos sociales, sindicatos, etc.

No estamos descubriendo el agua tibia. Aunque para algunos no sea tan evidente, el miedo es uno de los recursos de mayor capital político de la era moderna.

El miedo paraliza. El miedo reprime nuestras actuaciones. El miedo dicta que creer. El miedo limita nuestra libertad. El miedo como recurso político es contrario a la democracia.

Posicionándome al lado de la teoría del sentido común, la democracia es un sistema político en el que se le da al ciudadano y ciudadana opciones para elegir libremente qué quiere.

Pero en momentos como el actual, donde la sociedad está polarizada y, a veces parece confundida, las opciones son o “guatemala, o guatepeor”. Se sirve en la mesa el plato de la histeria colectiva.

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Aún así, no se puede ignorar que, por ejemplo, en medio de la discusión del plan fiscal, proyecto 20580, existen hechos probables, como la subida en las tasas de interés, la necesidad de recaudar más recursos para pagar la deuda, etc.

No es mentira que estamos a las puertas de que miles de personas vuelvan a caer en el odioso círculo de la pobreza. Que por una crisis fiscal deban salir de de las aulas y a la vuelta de los años no puedan acceder a empleos de calidad.

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Sin embargo, mientras estos escenarios no se comuniquen “correctamente” al recurso del miedo seguirá siendo su peor enemigo para generar conciencia.

Porque no solo el sector opositor utiliza argumentos que buscan infundir miedo, sino también el sector oficialista. El detalle es que esto no sucede solo en Costa Rica. Esto es un fenómeno mundial, que además, probablemente no se detendrá.

Entonces, los ciudadanos debemos aprender a lidiar con ello y a equiparnos mejor para enfrentar estos argumentos, los argumentos del miedo.

En el artículo La construcción política del miedo, sus autores intentan explicar la relación entre la política y el miedo, para ello traen a colación dos tipos de comunicación: la comunicación emotiva que es intencional, estratégica y apela a la afectividad, y la comunicación emocional que responde más a alguna “manifestación explosiva, involuntaria y espontánea de emoción”.

Ambos tipos de comunicación han sido, y seguramente seguirán siendo, aplicadas al ámbito político, pues intentan persuadir a su interlocutor mediante una estrategia que, en algunas ocasiones, inquieta los intereses más personales de cada ciudadano, entre ellos el financiero.

No es de extrañarse que uno de los argumentos políticos durante una campaña electoral sea que cualquier candidato/a se promocione como quien traerá mejores y más empleos, haciendo sentir a las personas cierta seguridad económica. La estrategia del miedo propone que se huya de la discusión social de temas importantes.

También, se usa el miedo como recurso político cuando se quiere aprobar o contrariar una ley. Si se apoya el discurso es que mejorará la situación económica, pero si no se está de acuerdo se dice que empobrecerá más al país.

Y, naturalmente si nuestra situación financiera desmejora empezamos a tener miedo. Miedo de no poder satisfacer nuestras necesidades básicas, y aún aquellas que que no se consideran básicas, pero que son fundamentales, como las recreativas. Pero realmente, ¿qué es el miedo?

En el ser humano, existen seis emociones básicas, o primarias, entre ellas, la ira, el miedo y la alegría. En el libro La psicopedagogía de las emociones, su autor dice que cada emoción predispone a una acción.

En el caso del miedo, su acción es huir. Entonces no debería sorprendernos que algunas personas usen como estrategia política el miedo. Porque lo que buscan lograr en las personas es que huyan de cierto resultado, de cierto acontecimiento, de cierto escenario, ¿me explico?

El tema de fondo es que, esta estrategia, la estrategia del miedo propone que se huya de la discusión social de temas estructurales, como la reforma del Estado y/o una reforma al sistema tributario.

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A veces me parece mentira que cuando hablo con quienes están a la cabeza de estos procesos de reformas estructurales, dicen que el problema tiene 30 años de no resolverse, porque el tiempo se ha ido en puras discusiones y nada de acciones. T-r-e-i-n-t-a.

¿No es como demasiado tiempo discutiendo? Entiendo que la dinámica política es compleja, que hay demasiados actores, pero ¿saben cuál es el actor más grande? nosotros, la sociedad civil.

Lo que pasa es que nos tienen confundidos, o nos quieren confundir, ambos sectores. Nos quieren hacer actuar con miedo. Nos están distorsionando el concepto de democracia.

El principal elemento de un sistema autoritario es el miedo. Las personas actúan por miedo a que el dictador, presidenta, líder, o como le quieran llamar, tome acciones en contra de mis libertades y derechos.

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¿Acaso los ciudadanos no tenemos derecho a un debate civilizado?, ¿serán de ahora en adelante siempre viscerales los argumentos? Tenemos una gran tarea, más porque la era de la posverdad también apela a los sentimientos, a las emociones. Las informaciones falsas no dejan de calar en las personas y tener efectos en nuestra sociedad.

Las “convicciones falsas en ciertos segmentos de la opinión pública” son parte del tablero, dice Silvio Waisbord, profesor de Medios y Asuntos Públicos en George Washington University.

Es decir, por más esfuerzos por verificar y contrastar la información (en este caso los argumentos políticos en torno a la discusión de reforma fiscal) lo cierto es que “la verdad” es subjetiva. Hoy más que nunca es cierto que las personas creen lo que quieren creer. La pregunta es, ¿quiere usted creer cualquier cosa?

Los esfuerzos por verificar datos han sido puestos en marcha en muchos países del mundo, incluso el nuestro. Pero las convicciones personales también pasan por el filtro de las emociones y se ha comprobado que la verificación de información pesa muy poco para que alguien cambie de parecer.

Hace algunos meses me invitaron a participar de un proyecto universitario de producción de T.V, en la U VÉRITAS, mi colaboración fue en torno al tema de las noticias falsas. Aunque era un proyecto de tercer año, tratamos de hacer un abordaje sencillo pero realista.

***

El miedo como recurso político hace que nos volvamos ciudadanos adormecidos, paralizados. El miedo nos deja a la expectativa de lo peor y nos aísla de cualquier discusión política racional y mesurada. El miedo mina la democracia.

Sin importar cuál sea su predisposición emocional o política, es importante que vaya más allá en los temas que le importan. Es importante que se forme una posición ante los temas estructurales que le afectan, porque aunque no le importen, le afectan.

Esta semana les dejo algunos links de textos interesantes sobre lo temas que les compartí hoy, espero les sea útil. Como siempre ¡gracias por leer!

📌 Miedo y Política: “La construcción política del miedo”
📌 Noticias falsas: When Corrections Fail, The Persistence of Political Misperceptions” | La información falsa llega más lejos, más rápido y a más gente que la verdadera
📌 Emociones: “La psicopedagogía de las emociones

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